En mi ciudad esta lloviendo, están lloviendo gotas de felicidad, la mayoría asocia la lluvia con la tristeza y la melancolía, esas son las personas que son normales pero que para mi lamentablemente son personas rutinarias. Yo por suerte no soy ninguna persona, soy un monstruo, un cruel afortunado parido en la mezclanza de olores que hay en un parto, que nació y creció con el complejo y amargo sabor del gusto por las palabras. Quizás sea por eso que no me dolió cuando una de mis mejores amigas, de la que yo estaba perdidamente enamorado hace muchos años, me llamo una noche y me dijo que me agradecía porque yo era esa persona especial que había cambiado su mundo, que por mi existencia su vida se había transformado: los sonidos ya no eran los mismos, los olores no representaban las mismas imagines en su imaginación, ni los colores, nada, ni las sensaciones eran las mismas. Mi corazón palpitaba haciendo que los latidos tuvieran un eco en mi oído apoyado en la almohada, mi respiración era profunda y plena esa noche de invierno.
Ella me decía esas cosas bellas de verdad. Era mi noche ideal.
Un suspiro que en realidad fue un bostezo me hizo ver que no estaba soñando que era la realidad y que el frió viento que se colaba por la ventana mal sellada de mi habitación era muy real. Fui feliz.
Hasta que me dijo que gracias a mi había conocido a esa persona que le transformo la vida. Si, le presente a mi amigo y se enamoro de el.
Un final feliz.
Por eso es que la lluvia es significado de dicha. Me salve de la perra que según mi amigo, ahora novio, no le gusta dar mamadas.
Y aquí esta lo mejor de Jessica Biel, quien acompaña mis hermosas palabras. Con las que me defino a mi mismo como un gran escritor. Tu sabes, ahora todos dicen ser escritor, pero yo soy un escritor de mierda, eso me hace único.
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